El empresario Antonio Calero impulsa la hostelería de calidad en la ciudad
Chema Ferrer
A principios de diciembre del pasado año abrió sus puertas en Valencia La Diva, un concepto diferente de entender la hostelería, céntrico y con casi mil metros cuadrados entre todas sus instalaciones. Antonio Calero, creador del Marina Beach Club, ha sido el que ha obrado este milagro hostelero en la ciudad. Penetrar en él es hacer un viaje en el tiempo y transportarse a las décadas cuando surgieron las grandes divas que el cine y las artes escénicas aportaron a la historia de la cultura Occidental durante la primera mitad del siglo XX. En aquel tiempo, el modernismo y el art decó supusieron toda una revolución arquitectónica y en el diseño, que ahora La Diva ha sabido reproducir con asombrosa fidelidad. La entrada al zaguán ya predispone, deambular por su amplia sala, los comedores más reservados, acodarse en algunas de sus barras, latón bruñido, maderas nobles, cristal y mármol, piedras labradas… Es indudable que permanecer, atravesar sus espacios, es una experiencia única que sugestiona a los distintos momentos que allí pueden vivirse. En La Diva se viene a comer a mediodía, a cenar, y cuando se llega a la medianoche, la amplia sala principal y su escenario multimedia se transforman dando paso a la música. El mobiliario se retira, quedando disponible una amplísima pista para el baile bajo las inmensas claraboyas que se abren en las alturas; jueves viernes y sábados se programan las actuaciones de los más prestigiosos disc-jockeys.
Una cocina cosmopolita
Las barras de La Diva ofrecen una selección extraordinaria de coctelería, esta se ofrece en todo momento, tanto como aperitivos, en sobremesas y, sobretodo, llegada la noche (amplia oferta de mocktails, los sin alcohol). La carta representa una selección de platos emblemáticos de la culinaria internacional, eso sí, pasado por el filtro de sus cocinas, con un toque creativo y actualizado. Esta carta está viva, se renueva periódicamente con nuevas creaciones y también teniendo en cuenta el paso de las estaciones y sus productos de temporada. Fui atendido por Víctor Semper, que gobierna la sala, y el camarero David Zazo fue el que se encargó de mi mesa, trato impecable, viaje de nuevo a la profesionalidad de una hostelería que en La Diva ha encontrado refugio y que no me cabe duda que creará escuela. Vajilla de diseño ad hoc para La Diva, cubertería Churchill, cristalería escogida… Salieron Tacos de Carrillera y Pollo al curry, las Ostras Guillardeau y una extraordinaria Croqueta líquida, muy recomendable. El Pato Pekín con su salsa hoisin es preceptivo y si quieren disfrutar de una lubina ganando enteros, hay que pedir la Lubina Rabiosa, paso por freidora y acabada en horno para que pierda cualquier exceso de grasa. En otra ocasión probaremos las hamburguesas premium de la carta, existe una de factura vegana y creada en las mismas cocinas de La Diva. Siempre hay arroces valencianos, especialidades italianas (destaco el Capelloni con Bogavante), de las orientales tomen nota del Pad Thai. Amplia oferta de carnes maduradas hechas todas a la brasa. A los postres, recomendables la torrija o la tarta de queso, es fundente y por ello la han bautizado como la Cremosa.
La carta de vinos alcanza las 300 referencias y para el disfrute de la noche hay servicio de botellas completas en mesa de los destilados más prestigiosos. Importante, el tiqué medio ronda los 28-30 €. La Diva está en a número 42 de la calle Sorní de Valencia, en el barrio de L´Eixample, y abre todos los días de la semana.