Las tinajas de barro de la bodega Fonda son protagonistas
El enólogo Pablo Calatayud sigue en la senda por la recuperación y puesta en valor de las variedades nativas valencianas y ya va para casi dos lustros que puso el foco en la mandó, variedad ancestral que, in illo tempore, fue apartándose del viñedo valenciano para dejar paso a otras variedades que dieran más producción o simplemente porque pudieran estar más de moda. La mandó es una variedad de uva tinta de cultivo localizado fundamentalmente al suroeste de la provincia de Valencia (también hay algo en Cataluña), y muy concentrada en el término de la villa de Moixent. Es una variedad de baja productividad, de racimos pequeños y de bayas esféricas y más bien pequeñas. Es característica su piel fina y la posibilidad de que anide en ella la botrytis. Por tanto, es necesario un trabajo de aireación y buena ventilación en viña para que estas se mantengan de manera saludable cuando el fruto llega a su sazón. Con todo, su delicadeza se transfiere al resultado final una vez vinificada, y ahí es donde ha brillado en este último tiempo el tesón de Celler de Roure.

Paco Calatayud en la bodega.
Mandó, adn para sus ‘vinos antiguos’
La mandó ha sido una constante en los vinos de Celler de Roure, de hecho participó desde el inicio en el exitoso vino Maduresa, referencia en la que hoy predomina la monastrell, hubo que esperar hasta el año 2010 para que fuera la protagonista en la inauguración de la crianza en las tinas de barro recuperadas de la Bodega Fonda de Celler de Roure. Con este método de reposado del vino, la mandó ha comenzado a expresarse de manera absoluta, y es que las cosas siempre estaban ya probadas e inventadas. Pablo Calatayud decidió también habilitar algunos lagares para el pisado y estrujado de la uva mando, de manera que se pudieran imitar las situaciones de vinificación de otras épocas. Eso sí, de manera controlada y con todas las garantías.
Los vinos que hoy en día están en el mercado y ofrecen sin ambages todo el carácter y realidad de la mandó son el Safrà, un vino de vendimia temprana y monovarietal de esta, posee un buen trabajo en sus lías y pasa medio año en las tinas de barro. Parotet, tinto de mandó y arcos con 16 meses de crianza en tinajas. Por último, Les Prunes, el monovarietal de mandó y además ‘blanc de mandó’, aunque el resultado final tenga un tenue toque rosado. Mosto flor y medio año en la tinas de barro. Excepcional.
Por cierto, la mandó, además, es una variedad que permite una vendimia temprana de manera que se puedan hacer vinos de 12º, los vinos sencillos de los que tanto hablaba el gran Josep Pla.