Vera de Estenas, el espíritu del chateau

 

Vinos y Licores

Vera de Estenas, el espíritu del chateau

Enoturismo en la bodega para descubrir el concepto de vinos de pago

Chema Ferrer
En otro tiempo se conocía como Casa Don Ángel, una bodega dirigida por Francisco Martínez Bermell, todo un visionario para la época que decidió desarrollar el concepto francés de bodega al estilo chateau en el corazón de la comarca vinícola de de Utiel Requena. Aquel era un tiempo en el que nadie creía que en esa tierra había potencial para grandes vinos, opinión que el tiempo se encargó de poner en su sitio. La estela de aquel bodeguero valenciano la continúa hoy su hijo, el enólogo Félix Martínez Roda, que ha llevado la bodega a que los vinos que produce tengan la consideración de vinos de pago. El Pago Vera de Estenas es la conjunción del terruño, un microclima, una bodega y un modo de entender la viticultura y la enología. La calificación de Vino de Pago es el mayor reconocimiento que puede obtener una bodega en España. La bodega se halla integrada en las prácticas enoturísticas, estando adscrita a la Ruta del Vino Utiel-Requena. La visita comienza frente al edificio principal, una construcción modernista de de 1876. Durante la visita, guiada en todo momento por los propietarios, se explica con detalle el proceso de elaboración. Se recorren los viñedos, la sala de barricas, el museo familiar y las cavas donde se guardan las mejores añadas. La visita finaliza con una cata dirigida de nuestros vinos. Además, en su finca es posible llevar adelante otro tipo de eventos, como bodas, presentaciones y celebraciones gastronómicas (algunas de ellas fijas en su calendario)
 
El Bobal de Estenas
Esta es una de las bodegas que siempre creyó en el potencial de la variedad autóctona bobal. Fruto de este esfuerzo, vio la luz hace un par de añadas el Bobal de Estenas, un vino elaborado a la antigua usanza. Utilizó un antiguo depósito de hormigón, donde hizo fermentar los mostos para de ahí, trasegarlos a tinajas de barro cocido tradicionales. El subsuelo de Requena y Utiel están repletos de ellas, ya que se utilizaban tanto para almacenar vino, como también cereales. Las tinas proporcionan una oxigenación natural debido a la porosidad del barro, lo que da como resultado una maduración que no enmascara los aromas primarios, proporcionando vinos francos, frescos y conservando el auténtico carácter de la fruta. Es destacable su mineralidad y complejidad, con buenos taninos y acidez. Seguro que evoluciona en guarda. Hay que comprar dos, uno para disfrutar de él ahora y otro para descorcharlo el año que viene. 

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