La ambrosía olímpica

 

Vinos y Licores

La ambrosía olímpica

Las bebidas sagradas como el hidromiel, participaron históricamente en todas las tradiciones del paso del año

 Por Chema Ferrer
Para el hombre moderno, que vive en un mundo profano, científico y práctico, le es difícil comprender que en algún momento de la historia, las culturas originales vivían en un mundo completamente sacralizado. Todas sus relaciones con la naturaleza, con sus utensilios, su misma forma de vida, el cumplimiento de sus funciones vitales como el hecho de alimentarse, la sexualidad e incluso el trabajo tenían un sentido religioso. Todo estaba impregnado por lo sagrado. Y es que el alimento, desde los orígenes del hombre, ha cubierto no solo  sus necesidades alimenticias sino que también se ha asociado con lo divino, dándole el carácter de sagrado en la mayoría de las culturas tradicionales. Fundamentalmente, la ingesta sagrada tomó forma de dos maneras:
-El ‘convivium’, donde el dios agasajado se consideraba como un comensal del banquete. La clase sacerdotal entregaba una parte del alimento a la comunidad y la otra la arrojaba a las llamas para que el humo y los aromas alcanzaran las alturas.
-La comunión, donde el dios es la mismísima sustancia del banquete místico, una comunidad teofágica como sucede en la eucaristía cristiana.
El origen de la costumbre teofágica del cristianismo de comer hostias en la eucaristía, es decir, el cuerpo del Cristo-Dios, estriba en la ingesta del grano, al que los pueblos antiguos de Europa consideraban representación del espíritu divino. En el rito la comunión sagrada, deseaba incorporarse al ser divino para acontecer una sola cosa con él. Y así se hizo con el vino, identificándolo como la sangre de los dioses. Ambas fueron incorporadas en todas las creencias y religiones universales en los ritos previos al cambio del año.
La ambrosía olímpica
Los dioses griegos esperaban con placer la llegada de los olores que subían desde la tierra hacia el monte Olimpo, las braseadas carnes que cocinaban los sacerdotes tras los sacrificios para los banquetes rituales eran uno de sus alimentos preferidos junto con la ambrosia y el néctar. La ambrosía es unas veces la comida y otras la bebida de los dioses Esta palabra se podría traducir como alimento de los inmortales a la vez que deriva del nombre la Ninfa Ambrosía, y que al tiempo da nombre a una especie de uva, la ambrosía vitis. La ambrosía se convirtió en bebida sagrada cuando su mosto se puso a fermentar con otro alimento de los dioses, la miel, en cuyo caso su poder de conferir la inmortalidad sería debido al supuesto poder curativo y limpiador de la miel. No olvidemos que las abejas y su miel tenían consideraciones divinas (Mérope y Melisa), como sucedió en el Egipto faraónico o en Creta, donde  en algunos sellos minoicos aparecía su diosa más destacada con rostro de abeja. La miel fermentada con agua, hidromiel, así como la perfeccionada ambrosía, permitía un estado alterado de conciencia necesario para introducirse en el velado cosmos de lo sagrado.  Cuando se estudian las comidas y las bebidas sagradas de algunos pueblos en la antigüedad, se descubre la omnipresencia del jugo de yerbas o plantas con azúcar, miel o néctar. Así como en Grecia se utilizaba la ambrosía, en la India se usaba el soma y en Irán el haoma. La ambrosía es también para los hindúes la amrita, una bebida que garantizaba la inmortalidad y que aparece en uno de los mitos fundamentales del hinduismo, el Samudra Manthano  batido del océano de leche. Los dioses, debido a la maldición del iracundo sabio Durvasa, habían comenzado a perder la inmortalidad. Con la ayuda de los asuras, una especie de seres demoníacos, batieron el océano de leche, unas aguas que se encuentran más allá del océano de agua salada y del de agua dulce, para así conseguir el néctar de la inmortalidad.
Las diosas embriagadoras
Siguiendo el ejemplo de la ninfa Ambrosía, un buen número de diosas cobijan y patrocinan multitud de bebidas arrebatadoras: la diosa hawaiana Kana-Kava-Hina da nombre a la bebida embriagadora psicotrópica kava-kava, usada en ritos sagrados. La diosa Sagón da nombre al jugo sagú o sago en Nueva Guinea. La diosa Artemisa Ajenjo, al ajenjo. Siké da nombre al vino extraído de los higos secos, el ‘sycetes’.  La diosa precolombina Mayáhuel también lo es de la bebida fermentada conocida como pulque, jugo fermentado embriagador, además de bebida medicinal y ritual. Cuenta el mito que los huesos enterrados de Mayáhuel se transformaron en una rama del árbol del maguey, agave o pita, el árbol de las maravillas (con él se prepara el tequila). No olvidemos tampoco a la primera diosa de la cerveza, fue en Babilonia y se llamaba Ninkasi. Existieron también diosas que se encargaban de proteger a los que cultivaban y confeccionaban algunas de estas bebidas con aplicaciones ritualísticas, como hacía la diosa griega Afrodita hacía con las viticultoras. El antiguo culto en la ciudad de Éfeso a Deméter, diosa de la tierra y de la vegetación y a Core su hija, la muchacha del trigo. En él se preparaba una bebida sacramental conocida como ‘kykeon’, a base de cocer cebada y la mostación de la espiga, ingredientes utilizados en la preparación de la cerveza. Las bebidas sagradas mayas son el balché y el saká. Para los mayas, el hecho de alimentarse no era una cuestión puramente orgánica o natural sino sacra, existían entre ellos alimentos y bebidas que son objetos simbólicos, sobre todo los relacionados con sus ceremonias. El balché era un vino sagrado producto de la corteza de un árbol, y el saká era una mezcla densa de maíz y cacao. Procedían de plantas con una fuerte consideración sacra, significando vida y fertilidad. Todavía son utilizadas hoy en día en las ceremonias, como ofrendas para pedir ayuda y dar gracias al Dios Chaak por la lluvia y la protección de los animales. Personalmente, en esta Nochevieja escogeré un buen cava para cenar y una sidra espumosa para celebrar.

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