Verano de rosados en Marina Beach Club Valencia

 

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Verano de rosados en Marina Beach Club Valencia

El chef Sergio Giraldo cocinó para una selección de estos vinos

Chema Ferrer
Parece que de una vez por todas eso de decir que bebes vino rosado ha dejado de ser anatema. Los franceses, expertos en decir lo que es moda o no, han sido los artífices. Allí ya lo tenían claro hace mucho tiempo y empezaron en su día con los champañas rosé a los que pronto se sumarían en la puesta en escena los rosados que preparan los bodegueros de las riberas del Ródano, teniendo como referente los rosados pálidos de la denominación de origen Côtes-de-Provence. En España sabemos de rosados, sobre todo los bodegueros de Requena, que hacen cava, y los que desde que el vino es vino hacen rosados a base de bobal. Y de ellos destaco los que incorporan algún ensamblaje que acompañe a la bobal, como los que en esta última añada sumaron la pinot noir. Pero vamos a lo que vamos, a los rosados que catamos y que maridamos con la carta del Marina Beach Club de Valencia. Este, es indudablemente el local de moda de la ciudad y un referente para todo aquel que llega de fuera, de trabajo o de ocio. Y más allá de su envidiable emplazamiento frente al mar y sus ambientes hechos para el solaz de quien lo visite esta su cocina, dirigida por el experimentado Sergio Giraldo, que no dudó en brindarse a cocinar para los rosados.
 
Cocina de producto
El producto es el epicentro de la cocina de Sergio, así lo declara, no hay ambages y no es amigo de trampantojos. Su trayectoria para defender su estilo lo precede, ya que, aunque todavía joven, posee una dilatada trayectoria: de su Plasencia natal viajó a aprender en la escuela de cocina Luís Irizar en San Sebastián, pasa su tiempo en la cocina de Martín Berasategui, lo mismo con Subijana, trabaja en Las Rejas con Manuel de la Osa siendo jefe de cocina, y confesando que es donde aprendió a guisar, y luego en Valencia inaugura con Tomás Arribas el Q-tomas. Desde el 2016 forma parte del proyecto de Antonio Calero en las cocinas del Marina Beach Club, que regidas bajo su batuta, expresa su bagaje inundándolo todo, eso sí, de una manera muy entendible. Esta es una máxima, por respeto a la alta calidad de los ingredientes utilizados y a sus comensales, -son de lo más ecléctico y todos han de entender lo que se les sirve -afirma rotundo. Antes de desgranar vinos y platos, he de poner en valor el servicio de sala, impecable, cubertería y cristalería adecuada, mesas vestidas y una vajilla que siempre acompaña al condumio presentado. Se agradece, y mucho.
Se descorchó un rosado Lalomba de Ramón Bilbao (Rioja), suave tono salmón con irisaciones rosáceas a base de garnacha y viura (por lo que les decía de la importancia de los ensamblajes) y acompaña al Ceviche en Leche de Tigre con Fruta de la Pasión Tomatitos liofilizados y Granizado de Agua de Valencia. La verdad, la característica acidez de la viura en concierto con el tigre y el cítrico de la naranja, ¡muy de aquí! Gran plato, bordado. Luego el Mar y Montaña by Marina Beach a base de gamba roja de Denia y mollejas de ternera, maridando con la contundencia del rosado de Pago de Araiz (Rioja), a base de garnacha, y en el que se expresan grosellas, frambuesas y hasta recuerdos a gominolas de cítricos. Contrastes impensables pero efectivos.
 
Dejamos para el final las estrellas por recrearnos en ellas. Por una parte, un plato único en Valencia, el Arròs dels Bous, con aire de cítricos y all i oli de almendras coronado de salmonete y por otra el rosado provenzal Domaines Ott: Chateau de Selle, un cru classé que la sección de vinos del periódico Le Figaro clasificó como el Rolls-Royce de los rosados (les recomiendo la sección para saber con que llenan las copas nuestros vecinos). Del plato no puedo más que hablar excelencias y es un claro exponente de la puesta en valor de las tradiciones culinarias y productos mediterráneos hecha por las cocinas de Beach Club. Del vino, pues un maravilloso ensamblaje de las variedades cinsault, syrah, cabernet sauvignon, murviedro y garnacha y de seis a nueve meses de barrica. Atractivo oro rosa, floral, perfume de limones y albaricoques. Es largo y redondo. Con las sutilezas del arroz, todo un placer. Otros platos: Tempura de Verduras y Clóchinas con Romesco, Steak Tartare con Helado de Mostaza y Airbag y preguntar si hay un plato que reúna pulpo, boniato y carbón…
Recomendable el menú degustación para conocer a fondo la personalidad de Sergio Giraldo (45€) y si solo quieren iniciarse el menú a mediodía (19,50€), compuesto por platos de la carta. Hay que ir.
  

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