Las pomaradas de doña Fakilo

 

Frutos de la tierra

Las pomaradas de doña Fakilo

La sidra tiene su capitalidad española en Asturias

 Chema FerrerTuve noticia este verano, durante una visita a la catedral de San Salvador de Oviedo, de doña Fakilo, una asturiana adinerada que en los inicios del siglo IX de nuestra era donó diversas tierras para dar soporte económico al Monasterio de Libardón, pueblo perteneciente al municipio asturiano de Colunga. Esto se sabe por el antiquísimo pergamino que se guarda en esta catedral, donde dice que entre los cultivos de la donación destacaban las plantaciones de manzanos y que sus frutos debían estar destinados a la producción de sidra. Me dijeron que este pergamino es el más antiguo conservado entre los escritos altomedievales asturianos y primero donde se nombra al néctar fermentado de la manzana, la sidra. No hacía falta que me motivaran más para conocer lagares del Oriente y Occidente asturiano, pero sí que me movió a ahondar en sus arcanos y obviamente a ponerlos en valor a orillas del Mediterráneo, donde hemos soportado esta última canícula a base de mucha agua, unas cuantas cervezas y algunos vinos blancos. Nos faltó la refrescante sidra. La tradición asturiana es antiquísima. Los historiadores latinos, como Plinio y el trotamundos de Estrabón, ya avanzaron que como los astures no tenían vino fermentaban el zumo de las manzanas. Pero también todo el mundo celta atlántico idealizó el consumo de sidra, los héroes y dioses que habitaban la artúrica isla de Avalón, que se traduce como manzana, se regocijaban entre huríes blondas bebiendo sidra y aguardiente y así recibían a los guerreros en su paso al más allá. Todos sabemos que la manzana es la esencia de la sidra y en Asturias crecen más de medio millar de distintos tipos de manzanos. De ellos, la denominación de origen Sidra de Asturias solo acepta veintidós para la producción de sidra. El tempo de la sidra es el siguiente: floración de las pomaradas en primavera, en verano su sazón y recolecta a principios del otoño, le sigue la transformación en sidra y en invierno el trasiego de unos toneles a otros eliminando sus posos. Llegada la primavera, a servirla o embotellarla. Recomendables son las sidras de Ramos del Valle, el Cabañón o la Sidra Torre, ahora, no he sido capaz de probarlas todas, por lo que cada uno ha de andar su camino. Tipos de sidra Para introducirse convenientemente en el universo de la sidra, conviene diferenciar las tres maneras principales de su preparación, a saber: sidra espumosa, sidra natural filtrada y sidra natural tradicional, vamos, la que se embotella sin filtrar. Según mi parecer cada una tiene su momento, la primera para situaciones festivas y poco vinculadas al comer, la segunda para que te la sirvan ante los manteles, la tercera es terreno de su degustación en el propio lagar, o en su lugar natural, acodado en la barra, bien escanciada y ante una ración de berberechos, de pastel de cabracho y pegaratas surtidas. Para los reacios a dedicarse a ella, que sepan que su consumo moderado previene la arterioesclerosis y su pectina es buena para el corazón. Por último, me bajé a Valencia una sidra de hielo, la del lagar Panizales, como las que me traía y servía en Navidades mi cuñado del Canadá, que allí es costumbre.

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