Incienso y mirra para el Rey de Reyes

 

Ferias y Tradición

Incienso y mirra para el Rey de Reyes

Los reyes sabios de Oriente ofrecieron las preciadas resinas de Oriente

Chema Ferrer
Hace ya algunos años, viajando en coche por trabajo desde Dubai a Mascate, tuve la ocasión de visitar el Oasis de Ubar Shisr en el Sultanato de Omán, el conocido como ‘La Tierra del Incienso’. Este lugar se convirtió en la antigüedad, y durante más de quinientos años, en el principal mercado de incienso y mirra del mundo conocido. Hoy en día sus construcciones y restos arqueológicos son Patrimonio de la Humanidad. Fue desde el siglo III a.C hasta casi seiscientos años después cuando la demanda de estos productos se disparó, tanto en Oriente como en Occidente. Más allá de que los Reyes Magos traen regalos a nuestras casas en tiempo de Navidad, sabemos que esta tradición sucede porque estos llevaron los suyos al Mesías nacido en un humilde pesebre según el relato bíblico. Además de oro, le llevaron las preciadas resinas: incienso y mirra. Cuenta el libro de Mateo, que los magos siguieron una estrella brillante que les condujo hasta Belén, en Judea, donde había nacido Jesús:
 
‘Cuando entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, se postraron y lo adoraron. Cuando abrieron sus tesoros, le presentaron regalos, oro, incienso y mirra’. (Mateo 2:11).
 
Las resinas sagradas
Durante el tiempo de Navidad, las representaciones de este suceso proliferan en casas e iglesias con sus belenes, en postales, en pastiches teatrales y también en centros comerciales. El asunto fue que aquellos personajes, hombres sabios y venidos de lejos, vinieron a reconocer la llegada nada menos que del Hijo de Dios con ofrendas y regalos: oro, incienso (conocido como olíbano) y mirra. Lo del oro lo tenemos claro, pero ¿qué son exactamente el incienso y la mirra? ¿cuál era su utilidad y significado como ofrenda en aquella época?
Derivados de savia de árbol, tanto el incienso como la mirra son resinas apreciados por su fragancia seductora. El incienso es una resina lechosa blanca extraída de especies del género boswellia, que prosperan en zonas áridas y frescas de la península arábiga. Estas plantas llegan a crecer hasta una altura de cinco metros. La mirra es una resina de color rojizo que proviene de especies del género commiphora, nativas del noreste de África y las áreas adyacentes de la Península Arábiga. El arbusto posee ramas espinosas y pueden alcanzar una altura de tres metros. Las savias de ambos se recogen haciendo un corte longitudinal en el tronco del árbol, esta rezuma lentamente del corte y forma gotitas en forma de lágrima que se dejan endurecer en el costado del árbol. Luego se recogen pasadas dos semanas.
Los habitantes del este de África y en la península de Arabia han producido incienso y mirra desde hace más de cinco milenios. En todo ese tiempo, estas resinas aromáticas fueron el producto más importante de la región, con una red comercial que llegó a África, Asia y Europa. Estas tenían un uso personal, religioso y medicinal. Ejemplos hay muchos. Tras el baño, las personas usarían el humo dulce de las resinas para perfumarse. Las egipcias elaboraban aceites esenciales y también utilizaban la ceniza del incienso para mezclarlas con su sombra de ojos. Luego estaban presentes en ceremonias religiosas; contaba el historiador Heródoto, que los egipcios utilizaron tanto el incienso como la mirra en la preparación de sacrificios de animales y momias humanas. Hebreos y cristianos los incorporaron a sus ceremonias en el siglo III a. C. y siglo IV d. C., respectivamente. El incienso y la mirra también tenían usos medicinales, como se puede leer sobre el Papiro Ebers de 1500 a. C., los sacerdotes recomendaron ambas resinas para el tratamiento de heridas. En el primer siglo, cerca del punto álgido del comercio, Plinio el Viejo afirmó que Arabia producía aproximadamente 1.680 toneladas de incienso de olíbano y alrededor de 448 toneladas de mirra cada año. El incienso y la mirra estaban ampliamente disponibles cuando los Reyes Magos visitaron Belén y se habrían considerado regalos prácticos con muchos usos. El incienso, que a menudo se quemaba, simbolizaba la oración que se elevaba hacia el cielo como humo, mientras que la mirra, que a menudo se usaba en el embalsamamiento, simbolizaba la muerte. Así, el regalo significó el papel de Jesucristo como sumo sacerdote a través del incienso, mientras que la mirra anunciaba su muerte posterior y el entierro. 

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