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La estética del tapeo

 

Ferias y Tradición

La estética del tapeo


Tapear, el acto de ir de tapas, supone mucho más que el propio hecho nutricio. El afianzamiento de las costumbres sociales y culinarias en torno a la tapa se ha producido paulatinamente en los últimos doscientos años llegando a formar parte de la idiosincrasia española

Por Chema Ferrer
Nos encontramos ante el fast food hispano, eso sí, con unas connotaciones nutricionales y sociales que ya las quisieran para sí los anglosajones. La amplísima variedad de elementos que pueden participar en una tapa, desde pescados y carnes, pasando por verduras y hortalizas y con un soporte que habitualmente es el pan de trigo lo convierten en un bocado diverso en el que prima la variedad sobre la cantidad, una manera acertada de alcanzar el equilibrio nutricional. Por otra parte, el tapeo es comunal, es un acto compartido en el que la conversación está al mismo nivel o incluso superior del propio hecho de alimentarse. Indudablemente, una terapia beneficiosa para la salud psíquica de la persona, estimulante y tremendamente social
Con todo, aunque las tapas son una parte muy característica de la culinaria española que aparentemente parece intransferible o inexportable a otras culturas la realidad es otra. En las últimas décadas el interés por ellas ha permitido que los locales de tapas proliferen por las principales capitales del mundo y que la tapa sea un referente gastronómico de primera magnitud de cara al turista y al visitante.
La elegancia del tapeo, la estética del rito, reside en una especie de demostración de indiferencia hacia la mesa y la silla e incluso hacia la propia comida que, aunque ha de estar bien cocinada y conservar sus propios matices organolépticos, se toma de pie y en proporciones mínimas. Aquí no existe el comer sino el picar, el tapear…

Ritualística del tapeo

El aspecto más singular del tapeo reside en su carácter colectivo y en el hecho de que los comensales asumen la verticalidad en este miniágape al que se quiere dar, paradójicamente, una informalidad ritual.
Cuando se va de tapas ha de existir una clara voluntad de disfrute, además de la mera función de satisfacer el apetito. El tapeo propiamente dicho se hace de pie y hay que evitar que este se lleve a cabo sentado, salvo en casos de fuerza mayor.
La cantidad de personas convocadas no debería exceder de cuatro, para que tanto la posición ante la barra, como la conversación entre ellos sean totalmente accesibles.
Nunca se debe consumir más de dos tapas en el mismo establecimiento, el tapeo es itinerante, haciendo camino se conocen otros lugares, ayuda a la digestión y además se facilita el conocer y coincidir con otros “tapeadores” del lugar. De este modo se convierte en un acto social absolutamente tribal. La combinación de las diferentes tapas a degustar a de ser variada y siempre buscando el equilibrio. Es obvio que junto a las cárnicas habrá que degustar las vegetales sin dejar de lado los frutos del mar y los pescados. En cuanto a las bebidas hay que espaciarlas, nunca combinar cervezas con vinos en un mismo local. Del mismo modo habrá que hacer con la conversación, prácticamente más de la mitad del tiempo que dediquemos al tapeo será un ejercicio mental parejo a la gimnasia maxilar y digestiva de la deglución. Bajo ningún concepto habrá que tratar temas desagradables y enojosos y en todo caso habrá que hacerlo de manera distendida y constructiva. El tapeo es un momento de evasión, es acceder a otra dimensión donde el espíritu se purifique y expanda positivamente al tiempo que así hagan amigos y seres queridos participantes.
Hay que restar importancia si el apetito queda saciado. No pasa nada si tanto la cena o la comida hay que dejarlas de lado ante la frugalidad del tapeo. No hay mejor ágape que el paseado.
A la hora del pago de lo consumido se establece una ronda en la que todos pagan, cada uno en un lugar diferente y de manera que un día por otro equilibre los asientos contables.
Las tapas son hoy por hoy un referente gastronómico y social nacional que sin duda alguna supone un importante acicate y atractivo en el interés por nuestra culinaria.