Caíño blanco y Sushi

 

La Crítica

Caíño blanco y Sushi


Vinos gallegos de Rías Baixas y sushi japonés, un maridaje perfecto entre el sol naciente y el sol de poniente.
Por Chema Ferrer
La canícula veraniega en el Mediterráneo aturde las meninges y te aplatana. Para los que día a día siempre pensamos en satisfacer los sentidos con algún placer gastronómico es época en la que encerrado en la ciudad no encuentra uno una idea que asegure un final feliz. Estaba en eso, refugiado tras el escritorio y con el aire acondicionado a lo que daba, cuando observé entre los últimos vinos recibidos algunas botellas de las bodegas gallegas Terras Gauda. Acababa de colgarle el teléfono a mi amigo Tomás Nofre, noble emprendedor hostelero que ha desarrollado la cadena de restaurantes japoneses Miss Sushi, inauguraba un nuevo local. Lo vi claro, el insólito caíño blanco que crece frente al océano tenebroso junto a un sushi, auténtico y de calidad, y que me hiciera rememorar un amanecer en el Pacífico. No había caído la noche y la botella de La Mar estaba bien fría y descorchada frente a un envidiable surtido de sushis y temakis japoneses.
Primero vamos a situar el vino, que pertenece a las bodegas Terras Gauda, situada muy cerca de la desembocadura del Miño. Esta es una de las bodegas con mayor extensión de viñedo de la D.O. Rías Baixas, cosa que es de lo más conveniente cuando uno quiere inferirle singularidad a sus vinificados, y eso precisamente es lo que se ha hecho con este de La Mar. Caíño blanco, una uva de carácter, pero que como todo en estos últimos tiempos su cultivo estaba poco extendido por no ser tan productiva como otras variedades hermanas. Una cenicienta entre las vides gallegas, vamos. Terras Gauda hizo un trabajo encomiable del que mi olfato y paladar todavía se sienten orgullosos y el ensamblaje final de La Mar fue el caíño blanco con un toque de albariño y loureiro, sus hermanastras. Que se sepa que en la actualidad, el 90% de la superficie plantada de Caíño Blanco de la D.O. Rías Baixas pertenece a esta bodega.
La Mar es un blanco que ha reposado un tiempo fundamental junto a sus lías, razón de su marcada personalidad. Vino de color pajizo y con aromas a la floresta gallega, untuoso y de una acidez comedida con sensaciones salinas en el retrogusto. Esto último colaboraba en el inicio de cualquier bocadito nipón con alga nori y cuando era al revés, su elegante untuosidad remataba los delicados sabores del atún o el salmón fresco. Para los amantes de las crudités japonesas, ruego que dediquen su tiempo en buscar este vino. Seguro que me lo agradecen y yo feliz de verlos contentos.

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